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Síndrome de Noé





Cuando una persona, generalmente animalista, pierde el control, retiene  y mantiene más animales de los que debe, estamos ante lo que denominamos el síndrome de Noé (o acaparamiento patológico de animales).

Esto es que en el afán de ayudar, se incurre en un acto prolongado y cíclico de maltrato animal, pues los animales viven hacinados, normalmente sin recibir una calidad de vida suficiente ni en espacio, alimentación, asistencia veterinaria o socialización con los de su especie.

Suele asociarse al síndrome de diógenes, que es más popular y todos conocemos como el síndrome que padecen las personas que acumulan 'basura' en sus hogares.

No vamos a entrar a juzgarlo o clasificarlo como enfermedad mental...simplemente lo enfocamos desde lo único que nos incumbe: el maltrato animal.

Los animales que lo sufren más frecuentemente son los gatos, perros y las palomas.
 
Estas personas 'rescatan' estos animales, para después condenarlos a la perpetua, justificándose con que la calle es peligrosa, que están tullidas o cualquier otro motivo.

Evidentemente, ante estas situaciones hay que actuar. Nunca caer en la empatía hacia dichas personas, puesto que pese a estar convencidas de que están haciendo un bien común, son presas de su propia patología. El maltratado es el animal, eso tiene que quedar claro.

Se incurre en un quebrantamiento de las leyes, ya sean las de protección de animales domésticos donde el número de perros y gatos suele estar limitado en las ciudades (por ejemplo, en Madrid, a 5 individuos), o la ley de protección de animales silvestres, donde claramente se prohíbe retener animales salvajes.


Lo más habitual es tratar de razonar con estas personas, que no viven bien dentro de la espiral de la esclavitud voluntaria a la que se someten los 365 días del año, por no hablar de 'sus' animales. Pero muchas veces, el proteccionismo irracional es tan elevado, que es imposible arrojar luz sobre la situación, y estas personas se cierran en banda. Y se llega a un callejón sin salida, donde un rescate en propiedad privada es complicadísimo.

Otro riesgo que corren los animales es que las denuncias de comunidades de vecinos y asociaciones anmalistas, deriven en una intervención por parte de la administración, y envío hacia el centro de protección animal más cercano de todos los individuos. Y allí, o se actúa deprisa (si se conoce la situación) o la mayoría serán eutanasiados.

Lo positivo de esta situación, es que llegado este punto, a estas personas se les prohíbe de manera judicial tener más animales.

Por ello si detectas casos de este estilo te pedimos que actúes. Que contactes con la asociación de defensa animal más cercana y asociada a la especie en cuestión que se encuentre en esta situación de indefensión y maltrato. Y comenzar el largo proceso para liberar a dichos animales. Normalmente se organiza entre asociaciones de protección animal, administraciones y servicios sociales, vecinos y amigos.

Si bien, hay casos graves o muy graves, pero también casos leves. En función de cómo vivan los animales y las personas. No todos son iguales y algunos pueden orientarse con asesoramiento y apoyo, hacia el buen camino de la protección y defensa animal.

SI ENCUENTRAS UN CASO DE ESTOS, DENUNCIA O ESCRÍBENOS PARA QUE TE AYUDEMOS.




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